Propiedad de la tierra

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Bosque virgen de Shennongjia.

Se afirma que transferir la propiedad de los terrenos donde se ubican los bosque a las poblaciones indígenas es una manera eficiente de protegerlos. Esto incluye la protección de tales derechos cuando las leyes existentes los conceden, como en la ley india de bosques. Se sostiene que transferir estos derechos en China, quizá la mayor reforma agraria de la edad contemporánea, ha incrementado la cobertura forestal. En Brasil, las áreas forestales cuya propiedad se ha transferido a pueblos indígenas sufren menos tala permanente que incluso los parques nacionales.

La promoción de la restauración forestal y de la ordenación forestal sostenible encierran más promesas respecto a la mitigación del cambio climático que un enfoque estrecho con el que se pretendería reducir las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la deforestación y la degradación del bosque (REDD).

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, en su cuarto informe de evaluación (IPCC, 2007), estima que el 17,4 por ciento de todas las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por el sector forestal proviene de fuentes antropógenas, y que en su mayor parte estas emisiones son ocasionadas por la deforestación y la degradación del bosque. La Stern Review, que trata la economía del cambio climático (Stern, 2007), observó por su parte que «una forma muy rentable de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero consiste en poner freno a la deforestación».

Partiendo de estas constataciones científicas, la Conferencia de las Partes (COP-13) en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, durante su 30o período de sesiones celebrado en Bali (Indonesia) en diciembre de 2007, examinó la función de los bosques en el cambio climático (CMNUCC, 2007). El Plan de Acción de Bali, en el que se bosquejan acciones cooperativas a largo plazo hasta 2012 y años posteriores, hace un llamamiento para que se intensifiquen las intervenciones nacionales e internacionales, comprendidos los «enfoques de política y los incentivos específicos relacionados con la reducción de las emisiones derivadas de la deforestación y la degradación del bosque en los países en desarrollo; y el papel de la conservación, la ordenación sostenible de los bosques y el aumento de las reservas de carbono en los países en desarrollo».

Las Partes adoptaron una decisión concreta para responder al desafío de «reducción de las emisiones derivadas de la deforestación en los países en desarrollo: métodos para estimular la adopción de medidas», en la cual se exhorta a las Partes a tomar medidas encaminadas a hacer frente a las causas de la deforestación propias de las circunstancias de cada país. Es por consiguiente posible que las negociaciones relativas a un futuro protocolo de limitación de emisiones y estabilización de la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera tomen en consideración las disposiciones orientadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que provienen de la deforestación y la degradación del bosque (REDD).

Si bien la deforestación cuenta entre los agentes causales más notorios de las emisiones de gases de efecto invernadero, se sostiene en este artículo que la aplicación de instrumentos normativos y económicos para contrarrestar la deforestación resulta mucho menos factible que promover la absorción de carbono que tiene lugar cuando se evita la degradación del bosque y se restaura el paisaje forestal y agrícola. Se advierte asimismo que las publicaciones y debates políticos que sostienen que la REDD es rentable y fácil de lograr suelen infravalorar no poco las fuerzas económicas y políticas que impulsan la deforestación

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