
Se promueve el bambú como una alternativa más sostenible que cortar leña para combustible.
La certificación de que un bosque se explota de manera sostenible, como la proporcionada por los sistemas mundiales Programa para el Reconocimiento de Certificación Forestal (PEFC por sus siglas en inglés) o Consejo de Administración Forestal (FSC por sus siglas en inglés) contribuye a contener la deforestación al crear mercado para productos de bosques gestionados sosteniblemente. De acuerdo con la FAO, «Una condición indispensable para la adopción de la gestión forestal sostenible es la demanda para productos producidos sosteniblemente y el deseo de los consumidores de pagar por los mayores costes que implican. La certificación representa cambiar de planteamientos regulatorios a incentivos de mercado para promover la gestión forestal sostenible. Al promover los atributos positivos de productos forestales de bosques gestionados sosteniblemente, la certificación se enfoca en el lado de la demanda de la gestión medioambiental.» En cambio, la australiana RainforestRescue alega que los estándares de organizaciones como FSC están demasiado conectados con la industria maderera y que por tanto no garantizan una gestión forestal sostenible y socialmente responsable. Que en realidad los sistemas de seguimiento de las certificaciones son inadecuados y en el mundo se han documentado varios casos de fraude.
Algunas naciones han tomado medidas para incrementar el número de árboles sobre la Tierra. En 1981 China creó el día nacional de plantado de árboles y en la década que comenzó en 2001 la cobertura forestal ha alcanzado el 16,55 % del territorio cuando en la que comenzó en 1991 solo era del 12 %.
Usar como leña el bambú, que técnicamente no es un árbol, sino una hierba (concretamente una gramínea) conduce a una combustión más limpia que la de madera de árbol, y como el bambú madura mucho más rápido que la madera, se reduce la deforestación, porque el suministro se puede reponer más rápidamente