Cambio Climático:

Media global del cambio de temperatura superficial en 1880-2016, respecto a la media de 1951-1980. La línea negra es la media anual global y la roja es el suavizado lowess de cinco años. Las barras azules de incertidumbre muestran un intervalo de confianza de 95 %.

Un cambio climático se define​ como la variación en el estado del sistema climático, formado por la atmósfera, la hidrosfera, la criosfera, la litosfera y la biosfera, que perdura durante periodos de tiempo suficientemente largos (décadas o más tiempo​) hasta alcanzar un nuevo equilibrio. Puede afectar tanto a los valores medios meteorológicos como a su variabilidad y extremos.

Los cambios climáticos han existido desde el inicio de la historia de la Tierra, han sido graduales o abruptos y se han debido a causas diversas, como las relacionadas con los cambios en los parámetros orbitales, variaciones de la radiación solar, la deriva continental, periodos de vulcanismo intenso, procesos bióticos o impactos de meteoritos. El cambio climático actual es antropogénico y se relaciona principalmente con la intensificación del efecto invernaderodebido a las emisiones industriales procedentes de la quema de combustibles fósiles.

La deforestación también impulsa el cambio climático.

Los árboles bloquean los rayos del sol durante el día y mantiene el calor durante la noche. Esta alteración da lugar a cambios de temperaturas más extremas que pueden ser perjudiciales para las plantas y los animales. Los árboles también juegan un papel fundamental en la absorción de los gases de efecto invernadero que aumentan el calentamiento global. Menos bosques significa mayores cantidades de gases de efecto invernadero que entran en la atmósfera y como consecuencia de esto se produce un aumento en la temperatura media de la tierra.

Deforestación y cambio climático, una conexión múltiple

Los bosques y el cambio climático están íntimamente ligados. Por un lado, los cambios que se están produciendo en el clima mundial están afectando a los bosques debido a que las temperaturas medias anuales son más elevadas, a la modificación de las pautas pluviales y a la presencia cada vez más frecuente de fenómenos climáticos extremos.

Por el otro, los bosques atrapan y almacenan grandes cantidades de dióxido de carbono, y contribuyen considerablemente a mitigar el calentamiento global y, cuando se destruyen, ese carbono que absorbían en sus troncos y hojas vuelve a la atmósfera, causando un doble impacto negativo. De hecho, se estima que entre el 25 y 30 por ciento de los gases de efecto invernadero que cada año se liberan a la atmósfera se deben a la deforestación.

En los árboles, el carbono supone de media alrededor del 20 por ciento de su peso. Además de los árboles en sí, el conjunto de la biomasa forestal, como por ejemplo la materia orgánica del suelo, también funciona como sumidero de carbono. En consecuencia, los bosques almacenan enormes cantidades de carbono. En total, se estima que los bosques del Planeta y sus suelos almacenan más de un billón de toneladas de CO2. De ahí la importancia de luchar contra la deforestación para mitigar el cambio climático.

Por si esto fuera poco, además los bosques son una fuente del oxígeno que necesitamos para respirar, son el hogar de especies animales y vegetales, regulan el clima, conservan los suelos, controlan los flujos de agua y filtran y limpian el agua. Se calcula que los suelos forestales absorben hasta cuatro veces más agua de lluvia que los suelos cubiertos por pastos, y 18 veces más que los que están desprovistos de vegetación. De este modo, contribuyen también a la reducción de riesgos de desastres naturales provocados por el agua, como desprendimientos de tierra e inundaciones. Además, los bosques son el sustento de millones de familias

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